lunes, 7 de marzo de 2016

En tierra de nadie

Hoy amanecí particularmente ansiosa. Hace ya una semana del negativo de la última FIV y hasta hoy en la tarde tengo cita con el médico para ver qué sigue. 
He tratado de pasar unos días tranquila, sin hacerme muchas historias en la cabeza, pero es muy difícil no pensar. Me siento en tierra de nadie, no estoy en tratamiento pero tampoco sé hacia dónde voy, el paso del tiempo sigue siendo mi peor enemigo y me siento frustrada por no poder hacer nada para detenerlo. Quisiera poder tener una bola mágica que me fuera adelantando qué va a pasar, hacia dónde voy, cuáles son mis probabilidades. 

Siguiendo las recomendaciones de una conocida que está en la misma situación de este terrible mundo de la infertilidad, le llamé a una de mis amigas de la infancia para ponernos al día y contarnos cómo hemos estado. Nos vimos el sábado en la mañana para desayunar en un lindo restaurante de un barrio con mucho encanto de la Ciudad de México. Hablamos durante 5 horas, recorrimos todos los caminos de nuestros pendientes, los ex esposos, las amigas en común, su extraña sensación de regresar al mercado de la oferta y la demanda después de varios años de divorcio, mi recorrido en la clínica y los médicos, nuestros padres, nuestros sueños, nuestras metas. Fue muy sanador para poder expulsar un poco toda la rabia contenida que tengo, fue útil para poder pasar un día más del fin de semana sin sentirme sola y triste, fue reconfortante saber que a pesar de la distancia, de nuestras diferencias y de nuestras historias paralelas, hay gente que siempre está y con la que siempre te sientes cómoda. Si bien me queda claro que quien no está pasando por esto no entiende un carajo sobre hormonas, procesos, técnicas, términos, hizo su mejor esfuerzo por animarme y hacerme sentir acompañada. 
Por la tarde y todo el domingo, me refugié con mis papás, igual que todos los últimos fines de semana desde hace 10 meses. 
Logré pasar el fin de semana más o menos estable, pero esta mañana me está costando mucho trabajo. Me siento triste, con el ánimo en el suelo, muy poco segura de mi misma y cada vez más convencida que la incertidumbre es el peor de los sentimientos. Me empiezo a sentir  perdida y me da miedo dejar de encontrarme y rescatarme en momentos de angustia. 

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